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CAMPO DE BATALLA, LA MISA

«Quitad la Misa, destruid la Iglesia» es una famosa cita atribuida a Martín Lutero (1483-1546). Quizá nunca la dijo, aunque parece muy probable que sí, pero en cualquier caso la cita es cierta, como pudieron comprobar los católicos tras el Concilio Vaticano II. El primero de los 16 documentos del Concilio se refería a la liturgia, con el nombre de «Sacrosanctum Concilium», pero las palabras del texto son totalmente ambiguas. Pueden parecer conservadoras, pero en realidad están diseñadas para abrir la puerta a esa revolución litúrgica que tras el Concilio prácticamente destruyó la Misa. Muy poco después de la imposición -aparentemente oficial- de la Nueva Misa del Papa Pablo II en 1969, el Arzobispo Lefebvre dijo que si tenía que introducirla en su recién fundado Seminario deÉcône, bien podría cerrar el Seminario en tres semanas. Tal es el poder anticatólico de la liturgia «renovada», pues es asistiendo al verdadero sacrificio de la Misa como la mayoría de los católicos viven su religión.

De hecho, desde 1969 hasta hoy, la liturgia «renovada» del Papa Pablo convirtió el rito de la Misa en el campo de batalla central de la gran guerra de la Fe entre el Catolicismo inmutable de la Tradición y la Revolución en constante evolución del Protestantismo-Liberal-Modernismo. Y sigue siendo el campo de batalla central, como lo demuestra la perseverancia del Papa Francisco en sus locos esfuerzos por borrar por completo la Misa en latín. A continuación se resume un excelente artículo deun profesor francés,Yves de LassusPara acceder al artículo original, mucho más completo, en traducción inglesa, véase: https://respicestellam.org/media/2024/12/Letter-to-Friends-of-AFS-Jan-22.pdf

El 18 de diciembre de 2021, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (CCD) publicó una nota tituladaResponsa ad dubiarespondiendo a preguntas sobre la aplicación delMotu ProprioTraditionis Custodes. Muchos fieles se inquietaron por la dureza de esta respuesta. Pero desde el principio, la intención delMotu Proprioestaba clara; la respuesta de la Congregación no hace sino explicitar una firmeza ya expresada en laTraditionis Custodes. Para la CCD, la Misa es la «participación del único pan partido» y el «memorial de la Pascua». Asistir a Misa significa «participar en la mesa eucarística».Nunca se recuerda que la Misa es un sacrificio, la incruentarenovacióndel único sacrificio de Cristo en la Cruz.

Esta eliminación del carácter sacrificial se ve acentuada por la finalidad que elCCDatribuye a la Misa. Para el CCD, la finalidad de la Misa es la unidad. El primer objetivo de la Traditionis Custodes y, en consecuencia, de la propia Misa es«continuar la búsqueda constante de la comunión eclesial».No se recuerda ninguno de los cuatro fines tradicionales de la Misa. Para la CCD, la Misa es ante todo una manifestación de unidad entre los hombres en lugar de un acto enteramente vuelto hacia Dios. Así queda claro que la intención general de la respuesta del CCD es acabar de una vez por todas con el uso del Misal tradicional. El antiguo rito, dice el CCD, «no forma parte de la vida ordinaria de la Iglesia». Además, el CCD insiste en que «la reforma litúrgica es irreversible». Por lo tanto, cualquier vuelta al antiguo rito se considera imposible.

No debemos escondernos de la verdad. La Santa Sede ha entrado en guerra contra el Rito Tradicional con el deseo de erradicarlo completamente de la vida de la Iglesia. Se trata de una verdadera guerra entre dos concepciones diferentes de la Misa y dos concepciones radicalmente opuestas de la Iglesia y de la vida cristiana. Incluso tenemos legítimo derecho a preguntarnos si se trata de la misma religión.Por tanto, es ilusorio esperar que la Santa Sede suavice su posición si mantenemos un discurso conciliador.¡No! Roma quiere el fin de la Misa Tradicional, mientras que nosotros queremos mantener el Rito Tridentino, porque así lo quiere Dios mismo. Ante esta guerra entre los dos ritos, ya no es posible aplazar la decisión. Debemos elegir un bando u otro.

¿De qué lado? Debemos condenar el error, aunque provenga de la Santa Sede.La Misa es ante todo un sacrificio ofrecido a Dios con un fin que es a la vez adoración, acción de gracias, propiciación y expiación. Ningún Papa puede derogar jamás la bula de San Pío V que autoriza el uso del Misal Tradicional a perpetuidad.

La Misa se encuentra en una situación que, en muchos aspectos, se asemeja a la vivida por Nuestro Señor durante su Pasión: la autoridad suprema la condena a muerte. Pero durante la Pasión, Nuestra Señora no se rebeló: Permaneció siempre junto a su Hijo, silenciosa y serena. Sin duda rezó por los verdugos. Con respecto a la Misa en latín, adoptemos la misma actitud: permanezcamos indefectiblemente unidos a ella, aunque acabe de ser condenada a muerte.

Kyrie eleison

Entre la Misa nueva y la antigua hay guerra,¡Que no termina con palabras dulces, sino con sangre y fiera!