Considerando que en el “Comentario Eleison” de hace diez semanas (Nº 99) dije que la escisión entre la Autoridad Católica y la Verdad Católica era responsable de la actual e incomparable ruina de la Iglesia, recientemente un objetor dijo que esa escisión era impensable porque la Verdad Católica viene a través de la Autoridad Católica. La respuesta es breve: Normalmente, sí; hoy, no. Vamos a ver que la objeción es errónea y a continuación, por qué.
Que la Verdad y la Autoridad están escindidas queda demostrado por los frutos (cf. Mt., VII, 15:20). La Verdad Católica obtiene buenos frutos, pero el Conciliarismo que la Autoridad Católica
viene impulsando desde el Concilio Vaticano II, ha dado sólo frutos malos; en todos los frentes la Iglesia Conciliar colapsa, a menos que uno redefina la palabra “colapso”. Este colapso puede ser reconocido por los laicos con mayor facilidad que por el clero; en parte porque los laicos no suelen estar sometidos al pesado adoctrinamiento conciliar que en estos tiempos es normal para el clero; en parte porque los laicos no han apostado por lo común su vida y su reputación al éxito del Concilio, como en general las autoridades de la Iglesia de hoy lo han hecho.
Una forma de describir la grandeza de Monseñor Lefebvre, es decir que fue una de las muy pocas autoridades de la Iglesia que, como secuela del Concilio, no sólo vio cómo la Verdad Católica había sido abandonada por la Autoridad Católica, sino que también, y con un gran costo personal, tomó posición a raíz de lo que vio. ¿Cuántas veces le hemos escuchado decir, en la década de los ‘70, “C’est inconcevable, c’est inimaginable”, en el sentido de que el desastre sobreviniente en la Iglesia era “impensable”? Pero eso nunca le impidió reconocer que era la realidad.
Por qué eso se convirtió en realidad, él solía explicarlo por los anteriores quinientos años de historia de la Iglesia: el Protestantismo se levantó contra el Catolicismo, y una vez establecido de cara al Catolicismo, dio lugar al Liberalismo, en el que todas las “verdades” son tan buenas una como otra. Por un tiempo fueron resistidas esas tonterías por lo que todavía quedaba de Fe y de sentido común en los hombres, especialmente en los clérigos de la Iglesia Católica —la Autoridad todavía se aferraba a la Verdad— pero finalmente, en el Concilio, estos eclesiásticos también declinaron en su resistencia. Si el sol camina hacia el ocaso, con el tiempo se oculta; si usted se aventura a beber, con el tiempo se embriaga. Si la tendencia sigue y sigue aumentando, con el tiempo se superan todos los diques construidos como frenos.
La gran encíclica de San Pío X sobre el Modernismo, “Pascendi”, revela que la corrupción definitiva de la mente, extendiéndose por encima de todos los diques, anuncia el final de los tiempos, si no el fin del mundo. Esa corrupción ha inundado a los clérigos de la Iglesia Católica en el Concilio Vaticano II, y ellos han abandonado la Verdad Católica. Entonces ¿Dios Todopoderoso ha desamparado a su Iglesia Católica? De ninguna manera (Mt., XXVIII, 20); pero Él nunca prometió que su Iglesia pudiera no empequeñecerse hasta un pequeño resto, ya sea ahora o en el fin del mundo (Lc., XVIII, 8).
Kyrie eleison.