La pérdida de la verdad es una característica de los tiempos modernos. Toda la gente parece creer que la verdad no existe (“¿Qué es la verdad?”, Preguntó Poncio Pilato); o que existe pero no es importante; o que existe y es importante, pero no puede ser descubierta por la mente humana. Cualquiera sea la opción, comamos, bebamos y gocemos, porque si la mentira es tan buena como la verdad, entonces lo erróneo es tan bueno como lo correcto, lo que me hace libre de hacer lo que quiera.
¿Qué es la verdad? La verdad es la adecuación entre la mente y la realidad. Hay verdad en mi mente cuando lo que está en mi inteligencia se corresponde con lo que está fuera de ella, en la realidad. Nadie cree seriamente que no existe la realidad fuera de su mente (a menos que esté loco), porque por ejemplo nadie a quien se le detenga el motor de su coche, deja de levantar la cubierta (el capó) para averiguar la causa real de esa detención. Luego existe la verdad para mí, siempre que mi juicio coincida con la realidad externa.
¿Esta verdad es importante? Por supuesto que sí. Mi supervivencia en esta vida depende minuto a minuto de saber que realmente el aire es respirable; día a día en saber qué alimentos y bebidas son realmente consumibles; y mi felicidad eterna depende de saber si Dios realmente existe, si Él es realmente quien me garantiza la felicidad, y si realmente ha establecido las condiciones para obtenerla. Si en cualquiera de estos puntos impera la mentira y no la verdad en mi mente, ya sea que muera en pocos minutos, o en unos pocos días, pierdo la felicidad para toda la eternidad. ¡Por supuesto que importa determinar si lo que está en mi mente se corresponde con la realidad fuera de ella!
¿Pero puede la mente humana conocer siempre la verdad? De hecho a veces no puede hacerlo. Pero por lo general en la búsqueda de la verdad, “Cuando hay voluntad, hay un camino”. Si los hombres a menudo no encuentran la verdad, no es porque no se puede encontrar, sino porque no existe voluntad real para hallarla. Tome, por ejemplo, la difícil y costosa búsqueda de las pruebas que explicarán por qué se estrelló el avión francés entre Río de Janeiro y París. Los investigadores pueden o no finalmente decirnos dicen la verdad, pero en definitiva lo deberán hacer, porque parece que la seguridad de los futuros vuelos, por lo que sabemos, dependen de ello.
¡Que nadie pretenda que toda verdad no puede ser encontrada cuando hay una forma de hallarla! El que así lo afirma, simplemente demuestra su falta de voluntad para descubrirla. Hay una enorme ausencia de tal voluntad en lo que se llama “civilización occidental”; por eso ésta es satánica (Jn. VIII, 44).