Español

Reestructuración

Mañana, o pasado mañana, apenas nos quedarán espacios fuera de los cuales no será necesario pensar. En la Iglesia y en el mundo, las mentalidades y las estructuras de la llamada “civilización occidental” se están desplomando a nuestro alrededor. Sin embargo la masa de almas occidentales prefiere dormir su sueño audio-visual, aunque la realidad las esté cercando hermanentemente; puede ser que no despierten antes de que sean esposados en el Nuevo Orden Mundial.
Los EE.UU. durante casi un siglo, parecieron ser escudo y espada de la “civilización occidental”. Ahora sus finanzas, su economía y sus estructuras de poder político se están derritiendo en un maremágnum de codicia, corrupción, egoísmo y disolución armado entre Wall Street, Nueva York y Washington, DC. Sin embargo —nunca estará de más decirlo— “Nosotros el pueblo” podemos culparnos sólo a nosotros mismos. Hemos querido la causa: el materialismo sin Dios. Ahora tenemos que vivir con los efectos: la quiebra final del sistema bancario, del papel moneda y de la política democrática.
Las estructuras ciudadanas se desmoronan. En Flint, Michigan, hogar original de la hoy en bancarrota General Motors —que actualmente ocupa a 8.000 personas oriundas, cuando antes había 79.000 empleados— los políticos locales son pioneros de una idea para evitar la desaparición de su ciudad: arrasar barrios enteros y devolver la tierra a la naturaleza. Esta idea implica un llamamiento a que el Gobierno Federal designe otras 50 ciudades como posibles candidatas para la salvación por la excavadora, incluidas Detroit, Filadelfia y Baltimore.
Las estructuras del Estado están fallando. En California, el Alcalde John Chiang dijo hace unos días que si los legisladores del Estado no pueden solucionar rápidamente el déficit de 24 mil millones de dólares de California, entonces en las siguientes semanas tendrán que pagar las deudas del Estado con bonos a futuros. “Desafortunadamente”, dijo él, “la incapacidad del Es­tado para equilibrar sus finanzas, implicará a corto plazo grandes cambios para los contribu­yentes, los gobiernos locales y las pequeñas empresas”. Es fácil imaginar cuál será la reacción, pero no es fácil imaginar la forma en que el déficit presupuestario se resolverá.
En cuanto a nuestras estructuras nacionales, si no estamos dispuestos a permitir su fusión en el Nuevo Orden Mundial, entonces seguramente será orquestada una Tercera Guerra Mundial para persuadirnos, comenzando con un 81/121 ¡(9/11 al cuadrado)! Sin embargo, todos estos co­lapsos empalidecen en comparación con el Concilio Vaticano II, porque fue la Iglesia Católica quien defendió realmente “la civilización occidental”. Si el hundimiento católico no es pronto revertido por la Consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María, entonces uno debe preguntarse si no será necesario reestructurar los elementos saludables de la Iglesia en un movimiento de resistencia subterránea. Kyrie eleison.